nuestra palabra

El juicio que les espera

 

Comienza un nuevo gobierno en Colombia. Un nuevo gobierno con la mejor selección de la peor clase política que nos ha despojado durante tanto tiempo. Un nuevo gobierno que conserva las políticas del anterior, las cuales llevaron a este país a ocupar el segundo lugar entre los países con mayor desplazamiento de todo el mundo. A tener la mayor desigualdad en América Latina, a poseer el mayor índice de desempleo de la región. Comienza el gobierno de la “prosperidad democrática”. Prosperidad para las multinacionales que se enriquecen mientras empobrecen a los pueblos. Democracia para los de siempre, los “importantes”, los que deciden por todos y sobre todos. Los que hacen que el resto se maten entre sí, creyendo que lo hacen en nombre de la democracia.

 

La codicia por cooptar nuestros territorios sigue en pie. La llamada confianza inversionista entrega sin vergüenza el territorio nacional al capital extranjero. Así lo manifestó el presidente Santos en su posesión. Además, ratificó el llamado a la unidad nacional. La unidad en nombre de los pueblos pero hecha sin ellos. Es la unidad entre los que siempre han estado unidos para robar, para despojar, para acumular.

La estrategia de ocupación avanza, de eso no cabe duda. Ahora, la estrategia de quienes tienen las riendas del poder es aparentar la conciliación mientras la ocupación se consolida. No es una estrategia nueva, ya la han utilizado antes. A quienes no someten con el garrote lo hacen con la zanahoria. Están acostumbrados a robar por la vía del terror pero también por las vías de la confusión, del engaño y del sometimiento.

Con tristeza observamos el espectáculo de la posesión presidencial con el preámbulo de una ceremonia sagrada en territorio indígena. A algunas comunidades se nos ha ido olvidando el pensamiento del conquistador que confunde y entretiene mientras se roba nuestras riquezas. ¿Cómo puede ser posible que se legitime a un gobernante que apoya los megaproyectos que despojan, desplazan y masacran?

La verdad nos confunde la actitud de nuestros hermanos Koguis, Wiwas y Arhuacos que realizaron este ritual en la Sierra Nevada de Santa Marta. Con el respeto que ellos se merecen creemos que al presidente Juan Manuel Santos no se lo debió llamar para hacerle una ceremonia sino un juicio. A él, a su antecesor y a todos quienes han sembrado el terror con sus políticas que nos hunden cada vez más en la miseria. A ellos que propiciaron que en los últimos años se dispararan las cifras sobre desplazamiento y sobre asesinatos en todas las comunidades indígenas del país. A ellos que nos llamaron terroristas por salir a las calles y a las carreteras a defender nuestros derechos. A ellos que le entregaron nuestros territorios al capital transnacional para que se lucre por encima del dolor de nuestra gente.

Llegará el momento en el cual no solamente las comunidades indígenas, sino todos los pueblos organizados y dignos, llevemos a juicio a los autores del sufrimiento que embarga a tantas víctimas inocentes. A los responsables de la política de seguridad democrática que ocasionó la vergonzosa fosa de La Macarena, la cual cuenta con al menos 2000 cadáveres. A quienes promueven los Planes Departamentales de Agua, el Código Minero, el Plan Colombia Fase II, los TLC y todas las demás leyes que buscan apropiarse de los territorios y de las vidas de la gente. Tendrán que responder ante los pueblos el dolor que por tanto tiempo han causado.

Mientras ese día llega, el camino que tenemos que asumir es el de la resistencia. Impedir que continúe el saqueo descarado de los territorios de la gente. No permitir nunca más que tierras destinadas para sembrar comida se entreguen al perverso negocio de la guerra. Sentir el dolor de todas y todos para acompañarnos y resistir juntos al modelo de codicia que nos hunde. Ese es el desafío de todos y la tarea que no debemos dejar de hacer. No dejar solos a nuestros hermanos Mapuches oprimidos injustamente por defender la vida, ni a la comunidad afro descendiente de Suárez que resiste al desalojo de quienes quieren sus tierras para entregarlas al capital transnacional. Por ellos y por todos los que están en la tarea de intentar sobrevivir es que tenemos que construir la unidad nacional de los pueblos que lleve a juicio a los señores de la codicia y que trace el rumbo de la prosperidad democrática, la verdadera, la surgida desde y para todas las comunidades.

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