nuestra palabra

Magdalena de Teitipac: Somos esta tierra

Un relato acompañado de audios e imágenes comparte la resistencia Zapoteca a una minera canadiense desde Magdalena Teitipac en México. Han logrado por el momento detener la explotación y comparten cómo aprenden, resisten y se aferran a la reproducción de la vida desde y con la tierra. Tramas de un tejido de pueblos que reclaman caminos de resistencia frente a una amenaza presente de exterminio. Con hechos y palabras convocan, reclaman y ofrecen su aporte entre pueblos y territorios. 
 
 
(Los nombres no aparecen por dos razones. La primera, porque esta palabra colectiva, la pronuncian unas voces con nombres propios, pero son parte de un tejido colectivo. La segunda, para que el aparato de terror y exterminio tenga mayor dificultad para ubicar individuos del tejido y reprimirlos)
 
(Invitamos a quienes lean este texto, a escuchar con atención algunas voces en los audios anexos. Son estas voces la sangre que da vida al escrito y nos llevan hasta esas tierras y sus gentes sabias.) 
 
14 de diciembre de 2013. Es un día soleado y caluroso
 
No se ve una nube en el cielo. Entramos los cuatro a un patio techado de piso de tierra de una familia Zapoteca de este pueblo indígena de Oaxaca. Estábamos buscando donde almorzar, pero por las fiestas todo estaba cerrado. Hay una reunión programada para presentar y debatir el reglamento de la nueva emisora comunitaria. Somos dos de Colombia, queriendo conocer y compartir y nos traen dos compañeros indígenas que trabajan proyectos de comunicación y apoyan a las comunidades en sus iniciativas. Uno de ellos asumió la responsabilidad de redactar el borrador de reglamento de la emisora comunitaria sobre la base de notas y decisiones tomadas en una reunión previa en la que participaron comuneras y comuneros, miembros del Comité de Defensa del territorio y del Comité encargado de la radio. 
 
En el camino nos advierten: son furiosa y estrictamente autónomos y por ello, por todo lo que les han hecho, por experiencia, muy desconfiados. Como se hará evidente, tienen razón de sobra para serlo. “Nos costó meses encontrarnos personalmente y conocer al dirigente al que vamos a ver hoy” nos explican en el camino. Recibían razones, enviaban mensajes y, finalmente, al conocerlo personalmente, respondieron muchas preguntas antes de poder hacerlas o poder participar en reuniones. “Las condiciones las pone la comunidad. El Comité.”. Al no encontrar donde comer, lo llamaron para que nos recomendara donde ir, explicándole de paso que venían dos extranjeros. Insistió en que llegáramos a su casa.
 
Un hombre joven, fuerte, sereno, muy cuidadoso con las palabras y preciso con el lenguaje. Nos sentamos en torno de una mesa de palo a conversar. Contó un poco de la comunidad mientras al fondo, detrás de un patio abierto con huerto y árboles frutales, había otro rancho de tablas cubierto con tejas. La cocina. El aroma de la sopa sobre el fuego aderezaba la conversación que se iba haciendo más fluida. Parco en palabras apoyadas en una mirada cortante, el dirigente con humildad y entereza relató lo esencial de la lucha. 
 
La concesión que el gobierno le hiciera a Plata Real Minerals Inc., una empresa minera Canadiense, para la explotación a cielo abierto de una mina de oro, generó el conflicto (ver: Indígenas Zapotecos también dicen No! a la minería). Sobre la base de la información y las garantías que diera la minera, prometiendo empleo, protección ambiental, progreso, desarrollo y beneficios colectivos y sin otras fuentes de información disponibles, las autoridades comunitarias aceptaron que se iniciara el proceso de exploración. La comunidad vive justo en la base del cerro que pretenden explotar. Es uno de varios proyectos mineros y una de muchas comunidades zapotecas afectadas. Las mujeres sacudieron del letargo y la inocencia a la comunidad (escuchar: Mujeres inspiran la resistencia).
 
 
Tan pronto la compañía cortó caminos en el cerro y perforó a 10-11 kilómetros de profundidad, el río se tornó blanco y murieron animales domésticos. Frente a esta amenaza inminente, las mujeres exigieron conciencia y acción coherente para proteger el territorio y la vida. La comunidad respondió y se negó a ampliar el término del primer contrato (escuchar: Se niegan a ampliar el primer contrato)
 
El trabajo ha sido intenso, cuidadoso, responsable y difícil. Entre sus frutos están la creación del Comité de Defensa y ahora nace la Radio Comunitaria. Se acercaron a otras comunidades afectadas por la minería extractiva a cielo abierto. Recabaron materiales, estudiaron, se informaron, hablaron con expertos, visitaron instituciones. Entraron a formar parte de redes comunitarias de resistencia a la minería. Hoy conocen muchos de los  diversos impactos ambientales, económicos, sociales de la minería y a partir de este saber, en asambleas tomaron la firme decisión de expulsar a la minera, impedir el proyecto extractivo a cielo abierto y proteger su territorio. Según lo manifiesta el dirigente, “es la vida en la comunidad, o es la mina y la muerte”. Por ahora, va ganando la vida, nos dice. La minera ha sido expulsada por decisión colectiva.
 
Respondimos sus preguntas. Sobre Colombia, sobre las luchas indígenas en el continente, sobre la minería y los intereses transnacionales. Sobre lo que sabíamos de la industria minera y del negocio transnacional del oro. Sobre los motivos de nuestra presencia en México. Sobre nuestro conocimiento de estrategias de comunicación y nuestra relación con quienes nos llevaron. Una vez más, como en tantos otros lugares, la misma situación reapareció fácilmente en el intercambio. Proyectos globales extractivos, con predominancia de empresas canadienses, a cuyo servicio se ponen los estados y gobiernos, penetrando en territorios indígenas y campesinos a base de combinar el engaño sofisticado, con la compra de conciencias y líderes, la amenaza jurídica y el terror para eventualmente transformar territorios vivos en huecos estériles y contaminar las aguas. Donde había vida, historia, colectividad y culturas, se impone el exterminio. Ellos, los empresarios y quienes se benefician del despojo, tienen un solo proyecto que abarca continentes enteros. Del otro lado, cada comunidad, cada pueblo, haciendo lo que puede ante estos poderes para resistir individualmente a esta maquinarias de despojo. Es el exterminio frente a la reproducción y la defensa de la vida. 
 
Se desahogó contándonos con dolor e ira la forma en que algunos pocos dirigentes y comuneros actúan a favor de la mina. Las amenazas. Los riesgos. Protegido por su convicción y compromiso, asume los riesgos y aspira a convencer educando. A que sea la labor colectiva la que abra el camino. Pero tanto su situación, como la de quienes han logrado expulsar por el momento a la minera, es muy peligrosa. Sus vidas corren peligro. 
 
 
Compartimos un delicioso caldo de gallina con maíz y especies acompañado de “Tlayudas”, las grandes y deliciosas tortillas de Oaxaca. Fueron las tlayudas las que nos explicaron el exilio y el arraigo. Esta comunidad produce tlayudas que se venden por todo México y son empacadas y exportadas con éxito a los EEUU. Es que la mayoría de los hombres jóvenes y adultos, han ido a trabajar a ese país en los oficios y bajo las condiciones más diversas. Hay semillas de Magdalena de Teitipac donde quiera que se encuentran o hayan estado. Con ellos llevan su cultura, comida y tradiciones. La masa de maíz acariciada por manos de mujeres zapotecas viaja convertida en alimento y sembrada como semilla por estos trabajadores migrantes. Ellos regresan, en su gran mayoría. Las tlayudas, siguen viajando. 
 
En esta, como en las otras casas, se habla zapoteco. Preocupados porque no aprendían bien castellano los niños y niñas en las escuelas, se prohibió esta lengua. Pero está de regreso. Es parte del trabajo en defensa del territorio. Parte del mandato de la emisora que han incluido en el reglamento que habrá de discutirse. Antes de salir para la reunión, conversamos con la compañera del dirigente que nos preparó la comida y conocemos a las hijas e hijos. Vestida en su traje tradicional, habla de plantas y recetas y nos cuenta que es hierbera y partera, oficio que ha heredado de su madre y abuela.
 
 
Los naranjos, mandarinos y limones están cargados en esta época seca de invierno en la que no llueve. Basta con estar acá para compartir el tejido de vida que se reproduce inseparablemente entre pobladores y territorio. Interrumpimos la conversación porque es hora de ir a la reunión citada.
 
Sobre la cancha de baloncesto hay un balcón y tras este, un mural en el que se promueve la defensa del agua y un salón donde se realiza la lectura y debate sobre el proyecto de reglamento para la emisora. Los equipos fueron donados por los trabajadores migrantes. Están allá, en EEUU, pero de lo poco que consiguen, ahorran para defender este, su territorio. Están aprendiendo a usarlos y transmiten unas horas los sábados y domingos. La propuesta de reglamento discutida en círculo entre unas 20 personas, recoge una sabiduría colectiva ejemplar. Será aprobada con los cambios que se requieran en otro espacio de discusión interna. La radio es para generar consciencia, rescatar y renovar la cultura y la lengua, defender el territorio con información que haga contrapeso a la propaganda y promover diálogo, tejido social y saberes propios. Escuchamos, conversamos, intercambiamos durante unas horas y deciden que regresemos. Se hará un programa radial especial el martes 17 de diciembre, “a más tardar a las 10 de la mañana”. El tema, por consenso, conversar sobre la minería. Informar a la comunidad lo que sucede en otros lugares, compartir conocimientos y fuentes de información contar sobre las estrategias de despojo y los mitos de la minería a cielo abierto con los que engañan a la gente y algunas lecciones de resistencia. Reconocemos que este proyecto de reglamento y de radio, para una emisora pequeña que apenas empieza, es ya un ejemplo de madurez y claridad. Lo es porque recoge una larga y fuerte tradición y experiencia de vida, que hoy, ante la amenaza de la mina, se exige y se pronuncia (escuchar: Medios, propaganda). 
 
Del campo que rodea la iglesia viene una alegre música en vivo tocada por la banda local. Se ha iniciado una de las fiestas tradicionales. Hay una enorme multitud bailando, observando, caminando. Las mujeres visten sus ropas tradicionales y no se escucha castellano. Lanzan frutas. Manzanas, mandarinas, naranjas. Vienen en todas direcciones. Los niños y niñas llevan sacos y costales llenos con su tesoro. Lo mismo hacen adultos. Se celebra la vida. Los proyectiles frutales nos alcanzan. Partimos con el gusto dulce de esta tierra mientras observamos al atardecer el cerro surcado de caminos que esta comunidad liderada por sus mujeres ha decidido defender. 
 
 
Martes 17 de diciembre. Programa de radio y asamblea 
 
A las 10 de la mañana el programa especial había empezado con el transmisor, los equipos y los micrófonos instalados en el aula de nuestra reunión anterior. La antena sale desde el mismo. Las tareas se distribuyen. Un técnico encargado y un conductor del programa, reconocido líder comunitario y padre de la mujer joven que liderara  la iniciativa radial y de resistencia. Se transmite en castellano y zapoteco. Dialogamos al aire intercambiando preguntas y respuestas sobre minería, impactos y resistencias en Colombia y el continente, sobre los procesos de acumulación y especulación en torno de proyectos mineros y la forma en que funcionan las bolsas de valores, sobre cómo la comunidad descubre y rechaza a Plata Real Minerals Inc., y sobre la persistencia del riesgo dado que las concesiones, según informan, se hacen por 50 años y son renovables por otro período de igual duración. Durante 100 años a partir de la concesión, la amenaza persiste, según se explica y quienquiera que sea el titular de la misma, esta u otras empresas que la compren, harán dinero especulando en la bolsa de valores, atraerán inversionistas, amenazarán o cooptarán comuneras y comuneros, presionarán al Estado para que proteja los intereses de la empresa minera y realizarán la explotación con sus consecuencias destructivas cuando quiera que les convenga. Se invita a la comunidad a participar. Entran llamadas, mensajes de texto y se hacen presentes personas en el aula. El programa termina con las palabras en zapoteco de una mujer que ha estado escuchando atentamente. Según nos dicen, llama a las autoridades a asumir con firmeza la resistencia. La “Cumbia Cienaguera” acompaña musicalmente la conversación como expresión de afecto hacia los visitantes de Colombia y se cierra la emisión con una reiterada invitación a una asamblea. 
 
 
Hacia el medio día, bajamos las escaleras y encontramos un grupo de personas sentadas bajo un árbol y frente a la Presidencia Municipal. Son agricultores y su vida es el cultivo y cuidado de la tierra. Han aprendido a reconocer los engaños, la propaganda, los venenos y el modelo de despojo en este camino de seguir sembrando y cosechando. No los engañan con el cianuro porque los engañaron con los agroquímicos (escuche: Agroquímicos y cianuro). Los equipos de sonido se han instalado. 
 
 
Un comunero que se negó a firmar la renovación del acuerdo con la empresa minera para que esta pudiera proceder a explotar, explica que es víctima de un montaje jurídico (escuche: Nos amenazan, nos intimidan y nos hostigan). Se le acusa falsamente de abuso sexual como sanción y para evitar que persista en la resistencia a la minera. Varios comuneros y comuneras dan fe de su testimonio y señalan que hay más de 40 perseguidos y 5 procesados. “Porque no nos gustan las cosas sucias”. Amenazas, violencia, división de la comunidad y, ante todo, un amor por estas tierras y su cultura se van tejiendo hasta formar una trama de decisión y arraigo.
 
 
El cerro nos observa, herido pero de pie, gracias a los hijos e hijas de esta tierra. Se ha ganado una batalla y el compromiso es firme. La minera, por ahora, no podrá explotar el oro. El cerro seguirá de pie, las aguas limpias y la comunidad viva. Pero la sombra del exterminio está presente. Una tarea consiste en hacerla visible y en no perderla de vista hasta tanto la concesión no sea derogada. Escuchar algunas de las voces de quienes compartieron en la asamblea, es una manera de retribuir el privilegio de estar en casa entre indígenas que no se venden, no se cansan y no se dejaron engañar (escuchar: Hay que sumarnos a la lucha). A pesar de haber sido empobrecidos y obligados a migrar, nos ofrecen sus hogares como refugio y sus alimentos y afectos como compañía. No son palabras. Acá, aprendimos, se habla poco, lo necesario y siempre con la verdad que se convierte en acto.
 
Las mineras, las transnacionales, el extractivismo, son ladrones. Ningún ladrón le advierte a sus víctimas sobre sus verdaderas intenciones y métodos. En más de cinco siglos de robar y matar, este sistema de ladrones, se ha sofisticado. Cada vez es más difícil o demasiado tarde desenmascararlos. Cuando nos damos cuenta, nos llevan ventaja o perdimos. Por eso la resistencia de Magdalena de Teitipac es lección indispensable. Hay que darse cuenta, aprender no de expertos vendidos a ladrones sino de sabios atados a la verdad y la tierra. En cualquier lugar del mundo, bajo las condiciones más adversas y lejos de sus familias, estos indígenas, han seguido siendo ellos y ellas porque son de la tierra. De su tierra zapoteca. Lo seguirán siendo mientras no destruyan el lugar donde tienen enterrado el ombligo y del que son fruto y cosecha. Del tejido de pueblos en resistencia, gestores de la vida que sigue y persevera, cerro por cerro, depende el porvenir ante el exterminio. Magdalena de Teitipac y su gente, resiste, levanta la voz y se nos siembra en el corazón: Somos esta tierra. (escuchar: Tener clara la visión)
 
Enero 13 de 2014

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