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La conciencia: el camino para defender la vida

Los gobiernos hacen leyes para desaparecer la vida. Están atentando contra la madre tierra y los pueblos, permitiendo que las grandes corporaciones más ricas del mundo, despojen de sus territorios a los dueños legítimos. Esto ha pasado en muchos lugares del país y está sucediendo en este mismo momento en Suárez y Buenos aires en el departamento del Cauca.

En estos territorios donde habitan indígenas, campesinos y afrocolombianos, están las grandes riquezas que quieren las multinacionales. En un país justo, el gobierno tendría que proteger a los habitantes de estas regiones para que no los saquen de sus viviendas ancestrales, pero en nuestro país, el gobierno ayuda a desalojarlos para que terminen sumidos en la miseria y el abandono.

Actualmente los pueblos indígenas, las comunidades afros, campesinas y los procesos sociales viven una situación de total exclusión. Quienes no se someten al actual modelo y a sus políticas, no cuentan dentro de la estructura del estado. Por el contrario, se convierten en obstáculo y son perseguidos y criminalizados por exigir sus derechos.

Sucedió con Alexander Quintero, presidente de la asociación de juntas del alto Naya quien fue asesinado en días pasados en Santander de Quilichao. Lo callaron por exigir justicia y verdad para las víctimas de la masacre del Naya. Al día siguiente, mientras en una audiencia pública se denunciaba este hecho y el desalojo de las comunidades afros de la Toma, Suarez, nuevamente llegaron mensajes amenazantes a los líderes de las comunidades indígenas y afrocolombianas de esa localidad que exigían sus derechos y reclamaban justicia.

Quienes resisten son obstáculos que están siendo eliminados con balas y terror. Ocurrió hace varios días con Luz Edith y Patricia Noscue, jóvenes indígenas víctimas de quienes se creen dueños de la vida. Luz Edith sólo tenía 18 años y una niña de dos meses de vida a quien tuvo que abandonar. Patricia Noscue, guardia indígena que fue despedida por sus compañeros entre himnos y lágrimas, se llevó en su vientre una vida que la ambición y la codicia no le permitieron crecer.

Es la realidad, los gobiernos no legislan para los pueblos, lo hacen en contra de los mismos y lastimosamente desde las instituciones locales tampoco se plantea un desarrollo con un pensamiento propio, por el contrario, los gobiernos locales se han convertido en réplica de las políticas excluyentes, promoviendo un modelo impuesto que no representa ni corresponde a las necesidades y propuestas de las comunidades de base.

Evidentemente la llamada democracia de nuestros gobiernos está hecha para excluir, despojar y desaparecer a los pueblos y a los procesos. Desde la institucionalidad, descaradamente se promueven y se permiten un sin número de abusos. Ejemplo claro es la reacción del presidente Álvaro Uribe cuando tildó de “idiota útil” al premio nobel de paz Adolfo Pérez Ezquivel, quien facilitó el testimonio del mayor retirado de la Policía Nacional Juan Carlos Meneses Quintero, tras haber acusado a Santiago Uribe Vélez hermano menor del presidente, de armar y dirigir a un grupo paramilitar en los años 90. El testimonio también salpica al señor presidente, ya que según el testigo el presidente Uribe estaba al tanto y apoyó dichas actividades.

En este sentido no son los gobiernos ni las instituciones con sus grandes proyectos quienes van a solucionar los problemas de la población. Ante las evidentes realidades no podemos esperar, pues con seguridad bajo la estructura actual, nada va a mejorar, más aún si nos quedamos con los brazos cruzados o pensando que un cambio de gobierno significa un cambio de oportunidades para los pueblos. No es momento de callar y mucho menos de olvidar, no nos podemos acostumbrar al dolor, ni permitir que el miedo nos paralice, tampoco pensar que la solución de nuestras problemáticas es posible en manos de otros.

Este modelo está en una crisis evidente. Los mercados del mundo se derrumban y las soluciones desesperadas incluyen robarle a la gente sus trabajos, sus ahorros, sus territorios y sus vidas. Encima de todo, pretenden hacer responsable a toda la gente de los abusos cometidos contra la madre naturaleza realizados por sólo un puñado de codiciosos.

Es el momento de que los pueblos y los procesos nuevamente se pongan de pie para que no permitan más abusos, despojos ni ningún tipo de sometimiento. Ya se ha hecho antes, hay que aprender de otros pueblos que han sabido levantarse con dignidad y seguir su ejemplo para construir el mundo que soñamos. Esa es la urgencia del momento, encaminar todos nuestros esfuerzos a construir la conciencia necesaria que defienda y proteja nuestras vidas.

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