nuestra palabra

Dignidad Mapuche: ejemplo de comunicación para la resistencia

“Nos encontrábamos en las noches de luna, junto a la orilla de los ríos, para que el sonido del agua se llevara el eco de las palabras. Hablábamos en nuestra lengua indígena, nos reuníamos a pensar y a ponernos de acuerdo para volver a tener lo que con engaños y violencia el colonizador nos había robado: nuestra tierra. Sabernos comunicar nos ayudó a resistir”.

 

En los pueblos indígenas la comunicación ha estado presente en todos los momentos y etapas de su historia. Ha sido una comunicación basada en la tradición oral, los saberes, los consejos, las prácticas y las enseñanzas ancestrales que  trasmiten  los mayores a sus hijos y nietos. Asimismo, se ha convertido en una herramienta estratégica para la pervivencia de los pueblos, para mantener viva la memoria colectiva y para resistir, proteger y visibilizar la lucha de los pueblos.

Este significado y sentido de la comunicación, como todo en el pensamiento indígena, tiene vida. Por eso se opone al modelo de propaganda que todo lo mercantiliza y que convierte a la comunicación en un medio para acumular y manipular. Invadir el territorio mental es el propósito de quienes manejan a su conveniencia los medios masivos de comunicación que hacen de la información un producto para el mercado. Nos confunden, nos engañan, nos forman para arrodillarnos ante un sistema que se derrumba, para ser imitadores de los modelos creados y comercializados a través de los medios, poniendo en alto riesgo el sentido de nuestra identidad.

Ante la arrasadora manipulación y la actual mercantilización de la información, es el momento de volver nuestra memoria a la sabiduría ancestral, a las dinámicas y formas propias de comunicación que nos invitan a comunicar para la vida de los pueblos y para movilizar la verdadera conciencia.

Ese es el ejemplo que nos dan nuestros hermanos Mapuches. Ellos sí han entendido el verdadero sentido de la comunicación: la formación de conciencia desde y para los pueblos. La huelga de hambre en la cual ellos prefieren entregar sus vidas antes que perder su dignidad, es ante todo, una labor de comunicación. El mensaje que nos envían es que ante un sistema que criminaliza la defensa de los territorios el único camino que queda es la lucha pacífica entregando lo único que les queda: sus propias vidas.

La sabiduría Mapuche es lo que necesitamos para enfrentar este sistema enfermo. La malicia suficiente para entender que no podemos ponerle precio a nuestra dignidad. Sabemos que la estrategia del actual gobierno colombiano consiste en legitimar la política de terror que desplaza a la gente de sus territorios para entregárselos al capital transnacional. Se presenta como un gobierno conciliador que busca la unidad cuando lo que realmente busca es desarticular y cooptar los procesos de resistencia para que sea todavía más fácil la entrega de los recursos y de las vidas al servicio de la codicia del libre mercado.

Estamos ante un momento decisivo. Nos entregamos a la unidad de quienes nos matan y nos roban para luego ofrecernos las migajas de lo que por derecho es nuestro, o nos unimos nosotros, los despojados, los empobrecidos, para asumir dignamente la lucha para defender lo que por tanto tiempo nos ha sido negado. Llegó el momento de decidir si queremos llenar la mochila con limosnas a cambio del silencio, o si como los Mapuches tenemos la claridad de no negociar nuestros territorios, nuestros recursos y nuestras vidas.

Es el momento de trabajar juntos para detener la codicia que avanza, es el momento de los pueblos, es la fuerza ancestral de la historia que nos llama  a que sigamos caminando para detener lo que está pasando. No permitamos que el egoísmo y la ambición sigan pisoteando la dignidad de nuestros pueblos.

Por eso llamamos a que desde la espiritualidad, desde la conciencia colectiva, caminemos hacia la construcción en unidad de la palabra y la vida colectiva no condicionada, mercantilizada ni impuesta. Llamamos a que hoy más que nunca tengamos los ojos bien abiertos para identificar lo que nos conviene. Entender que el futuro de nuestros territorios y de nuestras vidas depende del esfuerzo colectivo para entender el contexto, reflexionar con conciencia, tomar decisiones que beneficien a los pueblos y realizar las acciones necesarias para hacerlas realidad.

Tejido de Comunicación de la ACIN

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