Contexto Colombiano

Desbordando la economía para superar el horror

En el IV Foro Internacional sobre Noviolencia y Naturaleza, que se realizó del 10 al 12 de agosto de 2015 en la Universidad del Quindío, Armenia, participaron delegaciones de Colombia, Bolivia, Perú, México, Bélgica y Canadá. En este encuentro se escucharon las voces de resistencia al modelo extractivista, fue una forma de seguir encontrándonos y tejiendo entre pueblos.
 
Manuel Rozental de Pueblos en Camino participó a través de una videoconferencia en el IV Foro Internacional sobre No Violencia y Naturaleza con la sigueinte ponencia:
 
VIDEOCONFERENCIA, PONENCIA DE MANUEL ROZENTAL
 

 
Manuel Rozental
 
Buenos días, lamento mucho no estar ahí. 
 
Me gustaría empezar con unas palabras de un poema de un indígena guatemalteco Humberto Ak´Abal, quien decía “Camino al Revés”. Recoge el sentido de lo que quisiera compartir con ustedes. Decía:
 
“De vez en cuando
Camino al revés:
Es mi modo de recordar.
Si caminara sólo hacia delante,
Te podría contar
Cómo es el olvido.”
 
Y quiero empezar allí en parte  por que quiero seguir a partir de nuestro último encuentro en este mismo espacio, planteando algo que me parece urgente: Si nosotros hacemos foros encuentros o eventos cada año (y es el  tercero, cuarto, quinto, el sexto) y cada vez llegamos a plantear un nuevo foro, y el pasado fue muy bueno, y nos gustaron las palabras; en realidad lo que estamos haciendo no es he involucrándonos y comprometiéndonos con la palabra, sino escuchando, gravando y siguiendo adelante. Es decir, nos estamos entreteniendo y (en este sentido) la función de quien habla y de quien comprarte sus ideas y reflexiones es transformada por los resultados y las ausencias en un competir con los demás compañeros o compañeros  para ver quién habla mejor o, de corazón, entregar lo que sienten y lo que creen para que quede tejido a nada. En el olvido.
 
Hoy vamos a hablar de desbordar la economía.  Es decir, de desbordar el olvido. Pero en el sentido ese que decía y que dice Ak´Abal; que dice como indígena guatemalteco y como todo indígena: La memoria es el futuro. La memoria es el camino, y el capital es el olvido. El capital es totalidad y es olvido y de eso quiero conversar. 
 
Pero antes, claro, recordar para empezar desafiando el olvido. La vez pasada [el II Encuentro de No Violencia del 2013] nos dejaron algo muy claro –entre muchas cosas- que yo he llevado en el corazón sin descanso desde entonces. Nos los decía Jesús Emilio Tuberquia de la Comunidad de Paz de San José de Apartado. Él nos decía: “Nosotros y nosotras no tenemos esperanza. Eso, la esperanza, no sirve para nada”. No nos decía eso para ser pesimistas ni por serlo ellas y ellos en la comunidad. Por el contrario, fue el más optimista de los discursos de la vez pasada. Respondía a una pregunta que hacía Raúl Zibechi en muchos ámbitos: ¿cómo se sale de un campo de exterminio?. Y la respuesta, me parece, la dio Jesús Emilio Tuberquia a nombre de la Comunidad de Paz de San José de Apartado que es un campo de exterminio porque allí el capital quiere transformar ese territorio en un enorme mega proyecto y ellos sobran, estorban. En consecuencia, hay que sacarlos de ahí. Han decidido sacarlos (para beneficio de “la economía”). Ya no tienen donde ir. Ese es el lugar donde viven, donde crecen sus hijos. Es la tierra que aman y están tejidos a esa tierra. Trabajan la tierra, se desarman y ordenan que nadie entre con armas al territorio. Así los maten. Y eso fue lo que él, Jesús Emilio dijo en este mismo espacio al que este da continuidad en un tiempo nuestro que no es el de antes y después; el del olvido: “criamos a nuestros hijos según nuestros usos y costumbres. Creemos en esta tierra. Nos cuidamos unos a otros y… nos van a matar. Mientras nos matan, vivimos.” O sea que son libres y están en libertad en medio del campo de exterminio y no tienen esperanza porque están construyendo, creando vida, ejerciéndola. Ya están ellas y ellos en un mundo otro mientras nosotras y nosotros seguimos  en este mundo sin siquiera darnos cuenta de que la esperanza, esa esperanza a la que se refiere Jesús Emilio en nombre de su comunidad, es parte de la trampa. 
 
Pero también dijimos la vez pasada que hay un reordenamiento territorial global en curso. Que el capital está ajustando los territorios del planeta para quedarse con recursos que le son fundamentales y sacar a la gente que les sobre, tanto en lo urbano como lo rural. No sólo en el campo con la minería y los mega proyectos donde se está implementando el ajuste, sino en las ciudades. 
 
Las ciudades están en venta. Un viejo barrio o un barrio de empobrecidos bien ubicado para inversionistas, se pone en venta a las grandes financieras transnacionales que lo compran lo ocupan con “clusters” de servicios, es decir, ciudades exclusivas y excluyentes a las que tienen acceso únicamente socios cuya credencial de acceso es su capacidad adquisitiva y su pertenencia de clase, y la gente que vive en la ciudad y que no clasifica, se va desplazando. Va siendo despojada, invisibilizada, desaparecida, eliminada. Los centros comerciales son simultáneamente los centros de encuentro de la gente aspirante al consumismo, que no tiene con qué comprar. La gente que no puede vestirse con la etiqueta requerida para entrar a un centro comercial, en la lógica de estos espacios privados abiertos con condiciones, merece desaparecer. Los mendigos estorban y deben ser exterminados de una manera u otra. En el mundo limpio de las tiendas y vitrinas, esa “inmundicia” es de mal gusto. 
 
Eso también se conversó la vez pasada y Héctor Moncayo en una excelente conferencia se refirió a este ajuste del sistema como ``reordenamiento estructural´´. Yo, menos suavemente dije ``exterminio´´ refiriéndome a lo mismo. Hay un plan de exterminio que se necesita, que es racionalmente indispensable para el sistema. 
 
Sigamos desde ahí. Supongamos -Yo no supongo. Yo lo sé. Lo sabe Jesús Emilio…- que estamos en un curso de exterminio. Que en este momento si las cosas siguen como van, si el mundo del capitalismo sigue como va, lo que viene es el extermino, la destrucción. Estamos en un curso de muerte. La mayor parte de la población del planeta, de los recursos del planeta y la vida misma del planeta están en riesgo. No lo digo yo ni lo voy a desarrollar acá. Basta con que cite, por ejemplo a Naomi Klein en su libro más reciente: “Esto lo cambia todo”(1).  Les invito a leerlo a ver si en realidad leyendo eso que nos presenta, no es un hecho que la realidad planteada y sustentada lo cambia todo. Naomi Klein plantea entre muchas con las que presenta la evidencia de la destrucción planetaria, lo siguiente, en términos económicos. Para el 2050 debería haberse terminado, eliminado completamente la utilización de hidrocarburos como fuente de energía. Es decir el carbón, el petróleo, la gasolina, el gas. Todo lo que usamos prioritariamente, porque si seguimos usando hidrocarburos, en el 2050 el cambio climático va ser tal, que el planeta puede ser destruido. Los cambios son incontrolables, impredecibles y nefastos. Esos datos ya han sido revisados y no llegamos al 2050. Lo que allí se predice se alcanzará antes. Para el 2030, señala la evidencia recabada por Klein, tendríamos que haber eliminado el 50% del uso de hidrocarburos. ¿Está sucediendo eso? No. Todo lo contario. Estamos utilizando más gasolina, más petróleo y ahora petróleo por “fracking” o fraccionamiento hidráulico, que en el proceso extractivo destruye más. Es decir, que no vamos en la dirección de salvar el planeta sino de destruirlo. ¿Por qué? Si la evidencia es clara y el planeta va a ser destruido por este tipo de combustible y de energía, ¿por qué entonces vamos en la dirección contraria? Es más, toda la capacidad económica de las grandes compañías trasnacionales, productoras de hidrocarburos: Exxon, Texaco, etc. Toda la propaganda de ellos (y también Petrobras de Brasil, que es ahora una de las más grandes) apunta a negar la verdad y han dicho que es mentira y es una exageración lo que Naomi Klein demuestra con toda claridad en el libro sobre la base de evidencias incontrovertibles. 
 
Pero además ella explica cómo se inventan la forma de negar la verdad, de modo que nos conducen al suicidio, pero, ¿por qué? Porque no lo pueden evitar. En la bolsa de valores tienen que vender existencias. Las existencias de una empresa son lo que la empresa puede vender y ofertar en el mercado. En la bolsa de valores hay inversionistas y nadie invierte en un negocio que se va a acabar. Si las grandes petroleras anuncian -de acuerdo con lo que Naomi Klein recoge de información- que para el 2030 va a verse reducida a la mitad la producción de sus empresas y para el 2050 a cero,  lo que están anunciando es que invertir en la empresa va a generar cada vez menos ingresos y ganancias para los inversionistas. Es decir, que tienen que sacar más, no menos hidrocarburos para atraer inversión y para ganar más rentabilidad, y tienen que extraer más, no menos, para atraer inversionistas. En otras palabras, si el gran capital disminuye la producción de venenos que destruyen la vida del planeta, ellos se destruyen y desaparecen. Pero si el gran capital aumenta la extracción, acumula y destruye más, ellos se mantienen y generan ganancias enormes. Esto lo cambia todo. O el capital o la vida. Si el capitalismo sigue en su ritmo, el planeta se destruye. Pero los capitalistas piensan al revés: “O nosotros seguimos acumulando, así destruyamos el planeta, o nos acabamos nosotros”. 
 
Ahí estamos hoy, y, ¿por qué estamos hoy en ese contexto?  Estamos hoy en ese contexto porque el capital tiene un propósito y ese propósito es acumular y acumular ganancias y cada vez más ganancias. Tal es su “naturaleza” (una ilusión real), contraria y enemiga de la naturaleza viva.
 
La crisis del capital es una crisis triple: Es una crisis económica, es decir que no sólo no pueden acumular tan rápido y tanto como quisieran, sino que cíclicamente está amenazada su capacidad de acumular por la vida toda, empezando por la de la gente. Es una crisis ecológica: la destrucción del planeta por la vía de los procesos productivos de acumulación. Pero también una crisis de la reproducción de la vida: todos los días desaparecen especies y desparecen más especies. Pero para que el capital sobreviva tiene que profundizar la crisis y resolverla en sus términos, haciendo más de lo mismo que ha generado la catástrofe para perpetuarse.
 
La historia del capital es una historia que hemos resumido más de una vez en cuatro “Ex”: Todo lo que ha hecho el capital en todas partes es Explorar para conseguir los recursos que necesitan. Explotar esos recursos y a la gente que trabaja produciéndolos. Excluir los recursos que no necesitan y a la gente que le sobra. Exterminar finalmente, porque, miremos el mapa del planeta, dondequiera que el capital sea desarrollado, al final deja desiertos y destrucción en todo el planeta. Desiertos y destrucción son los campos en África, Latinoamérica y en Asia, que han explotado hasta sacar lo que había para transformarlo en mercancía y no dejar nada, contaminarlo todo.  Los huecos de las grandes minas a cielo abierto, ese es un tipo de desierto. 
 
Pero el otro desierto son la ciudades, la ciudades producen hambre, contaminación, destrucción. Pero también producen gente que no se da cuenta que vive y sobrevive de chuparle la riqueza al planeta y de matarlo. Por cada entretenimiento y diversión que hay en una ciudad, por cada barrio nuevo y elegante que existe hay más destrucción de territorios, vidas y culturas en el resto del planeta y en las propias ciudades. Entonces, cuando era exploración, explotación, exclusión y exterminio, la historia se limitaba ciertos espacios de interés para la acumulación del capital: lo que Marx llamó acumulación primitiva o primaria pues siempre había otros sitios a los que podían ir, expandiéndose. Destruían un lugar y se iban a otros. 
 
Esa es la historia de América. La historia de América es la historia de la conquista, la historia de las cuatro “Ex”.  Cuando se les acabó allá, Colon atraviesa en las carabelas para iniciar una empresa de entrega de este continente a manos de la codicia, y eso fue lo que hicieron. Las cuatro “Ex” empiezan en 1492 y en 1492 vienen por los recursos y las riquezas de todo este continente y se los quitan a los pueblos que hay acá. Se los quitan a través de convertirlos en “indios”.  Los “indios” no existían, fueron creados para poderlos despojar, para poderlos explotar y para eventualmente excluirlos y exterminarlos. Pero, ¿qué paso? que esa historia de las cuatro “Ex” ya va llenando este continente y el planeta entero. Pensemos en cualquier lugar de este continente y veamos dónde tiene interés el gran capital hoy en día y son los sitios que antes no les interesaban, los lugares preservados y remotos. Empujaban al indio y al negro a las selvas. Allá quieren llegar. Sacaban al campesino de una frontera agrícola a otra y ahora lo empujan más lejos. Pero ahora ya no hay más lejos.  Es ahí donde llega la Integración de la Infraestructura Regional Sur Americana (IIRSA), con grandes autopistas, oleoductos, gasoductos, puertos. Son grandes aspiradoras que vienen por lo que queda de recursos. ¿Y cuáles son los que quieren ahora? Los recursos vitales, los que otros llaman bienes vitales, los que otros llaman bienes comunes: Agua, oxígeno, petróleo, biodiversidad y minería, que son los recursos estratégicos para que el capital supere su crisis. 
 
Las cuatro “Ex” se extendieron hasta el límite del planeta. Entonces, si ya no hay más a donde ir a recomenzar el ciclo de las cuatro “Ex”, el exterminio involucra a absolutamente todo el planeta. Ese proceso tiene un propósito: Acumular. Que algunos dueños de la propiedad transformen, a través del trabajo de la gente, territorios y naturaleza en mercancía y los vendan en los mercados para transformar toda la vida en dinero y ese dinero vuelve a entrar a adquirir más propiedad transformada en mercancías y volverla a vender.  Entonces el proceso es el proceso de acumulación, ese  proceso es la economía.  En otras palabras, el capitalismo es la economía y la economía es el capitalismo.   Mientras exista el capital, va a existir la economía y mientras exista uno u otro, que son intercambiables, el riesgo para la vida es gigantesco.
 
Nuestro  problema es la economía que acumula explotando y despojando la naturaleza y a los seres humanos. Pero al decir que el capitalismo es la economía, a la inversa, mientras nosotros no nos demos cuenta que somos la economía y que el capital es la economía, nosotros somos la economía.  La vida toda es la economía. Toda y todos estamos alimentando la acumulación del capital, hagamos lo que hagamos: El Che Guevara fue el artículo comercial mercantil más vendido en el siglo pasado, según Eric Hobsbawm(2). Ese es un punto fundamental. No hay absolutamente nada con que el capital no pueda acumular. 
 
Entonces, ¿qué nos pasa a nosotros y a ustedes? Pasa que el capital nos captura. Que nosotras y nosotros somos instrumentos del capital para la acumulación. Que cuando nosotros vemos en la calle, en la universidad, en donde andemos, que lo que pasa es normal, estamos no- viendo. El capital está viendo a través de nosotros. Nosotras y nosotros somos economía capitalista, hacemos parte de la reproducción del capital. Peor todavía, cuando nos interesa el progreso, el desarrollo. Cuando nos parece muy bien que haya más centros comerciales, cuando se adornan las cosas, se enmascaran de diversión y entretenimiento, cuando este carnaval de luces obnubila la oscuridad del sufrimiento, del despojo y de la muerte y todo aparece posible, alegre, a nuestro alcance y bueno mientras en realidad es al contrario, nos hacemos cómplices de la destrucción y exigimos el derecho exclusivo y excluyente de estar entre las y los privilegiados-los ganadores.  
 
En Grecia, por ejemplo, están ocupando ese país para destruirlo del todo y despojar a la gente, sin una bala por ahora.  Pero lo que están haciendo es diciéndole a la gente que endeudaron a ese país para el progreso que la gente ni quería ni pidió ni aprobó. No le consultaron al pueblo cuando lo endeudaron a un punto más allá de toda capacidad de pago. Le vinieron a cobrar.  ¿Quiénes le vinieron a cobrar? El sector financiero y el gran capital transnacional que les impuso la deuda. ¿Con que pagan? les quitan las pensiones, les quitan los empleos, les quitan las empresas y les roban el territorio.  Les quitan todo, se parece a lo que está pasando en Colombia. Cuando viene la gran inversión extranjera es a cambio de quitarnos todo lo que tenemos. Ni siquiera podemos vender minutos en las esquinas porque ya ni siquiera con eso nos alcanza.  O hay tanta gente buscando y vendiendo minutos que quedamos en la ruina.  Entonces, ¿Qué pasa que ahora tienen que ajustarse? El ajuste es que los mismos acreedores que endeudaron a Grecia, los mismos conquistadores de Grecia a través de las deudas, vienen a cobrar, y, ¿cómo cobran? Cobran con la entrega del país: Les vamos a prestar plata para que nos paguen la deuda que nosotros mismos creamos a nombre de ustedes.  Y cuando el gobierno hace un referendo y la gente dice “No”, no vamos a pagar: El 62% de la gente dijo “NO”, el gobierno de izquierda (Syriza) firma un acuerdo que no había firmado la derecha para entregarle todo el país a las transnacionales, porque la izquierda también es la economía y es el capital. Porque la izquierda lo que quiere es entrar al mismo modelo para compartir su tajada; porque con un discurso de transformación lo probó en Grecia y lo está probando en nuestro vecindario, un día tras otro.  
 
Lo que quieren es entrar al gobierno y cuando uno quiere entrar al gobierno quiere entrar a la institución y la institución es la economía. La economía es exploración, explotación, exclusión y exterminio. 
 
Si todo esto es así entonces ¿quiénes somos nosotros? ¿Cuántas veces nos paramos a decir, a entender?  Esto es absurdo, esto destruye, esto está matando, esto está creando ricos y pobres. Esto crea injusticia que nos aplasta en lo que vemos todos los días, en lo inmediato y aparente. Y ¿cuándo no es lo aparente, que es sobre vivir todos los días o entretenernos, o no entender, o no creer saber, o saber sólo el discurso para poderme meter? Mientras, nos entretienen quienes deciden los temas de fondo, los expertos, la economía, la política, las religiones, la técnica. Es decir, eso, sectores de la economía, la política. Sectores y segmentos académicos y demás realidades ilusorias que existen en el capital. 
 
En verdad, sólo hay un sector, la economía. Todo este sistema existe para que acumulen unos pocos y despojarnos a los demás. Tenemos unos grados de complicidad, sometimiento, subordinación o exclusión diferente. Pero mientras no veamos con toda claridad, que ese mundo del que hacemos parte es para destruirnos y negarnos, que es la historia de ellos, de los vencedores, que van acumulando con hechos y con acontecimientos para negar los nuestros, seguiremos en este rumbo de las 4 “Ex” y del exterminio.
 
Entonces hay un “nosotros” y un “ellos”, un “nosotras” y un “ellas”, y ese “nosotras y nosotros” no lo podemos nombrar en los mismos términos que conocemos.  Con el tiempo en esta historia del capitalismo, éste, ha ido ocupando todos los espacios y a todos nosotras y nosotros. El espacio de nuestro imaginario no nos pertenece, las palabras con las que nombramos lo que pasa no son nuestras.  Los temas que estudiamos no son nuestros.  Si hay o no empleo lo define alguien más allá, es decir, a dios lo remplazó el sistema capitalista.  La trascendencia que es dios, lo que está más allá de nuestra capacidad y nuestro poder, lo remplaza el poder del sistema. Y el poder del sistema está en su ciencia, en sus áreas de expertos y en temas como ese: la economía es para los economistas (la salud es para los médicos y el sector salud y la comunicación es para los comunicadores etc.). Entonces, rotos en pedazos, estamos arrodillados delante de los dioses que nosotras y nosotros hemos creado con nuestro trabajo despojado. 
 
El trabajo de la gente es el que enriquece a los poderosos, nunca ha habido tanta concentración de riquezas en tan pocas manos como hoy y nunca esos pocos han sido dueños de un planeta entero como está sucediendo ahora.  Ese es el contexto en el que estamos. Estamos aplastados en lo inmediato, lo que vemos todos los días, lo que aceptamos, el trabajo. Clasificamos a la gente de acuerdo con el lenguaje que se nos impone pero no somos capaces de romper ese lenguaje. Inclusive cuando formamos partidos políticos o entramos en una negociación de paz, la premisa es “el modelo no se negocia”. Incluso cuando llegamos con partidos de izquierda al poder, entramos al poder de ellos. Evo Morales acabó de anunciar la penetración de  transgénicos, pasó una ley minera que garantiza que las transnacionales se llevan las riquezas de Bolivia y las y los mineros bolivianos se empobrecen en estos momentos. Potosí está levantado por eso. Correa, en Ecuador, a nombre de la izquierda, está garantizándole a capitales chinos y a capitales extractivitas la apropiación de la riqueza del todo el país. Cuando la gente le dice: “El Yasuní no se toca y el petróleo se deja debajo de la tierra” manda un aparato de represión para destruir las firmas de la gente que no quiere que se destruya el Yasuní y sigue siendo el presidente progresista que está defendiendo todo el mundo.
 
Podemos seguir con historias de estas y, peor aún en países como el nuestro, en Colombia, donde ni siquiera hay una semblanza de un gobierno de izquierda. Aquí se está negociando dentro del modelo. Negociar dentro del modelo es negociar dentro de la economía, garantizar que unos pocos sigan acumulando y que la mayoría siga siendo despojada. Naomi Klein dice que negociar dentro del modelo es garantizar que quienes necesitan destruir la vida para seguir acumulando lo sigan haciendo. No tenemos futuro dentro del sistema, pero no tenemos futuro sobre todo porque no reconocemos que somos el sistema, somos la economía, que no nos hemos distanciado y diferenciado para vivir. 
 
Dicho eso, sería una injusticia dejar las cosas allí sin regresar a donde empezamos. La Comunidad de Paz de San José de Apartadó, la Minga Social Indígena y Popular, la propuesta del Congreso de los Pueblos, la resistencia de doña Máxima Acuña Chaupe y esas historias otras en minúscula, que no salen en los grandes titulares y no se estudian en las escuelas. Esa historia que se excluye y se niega, la de los vencidos. Esa historia somos nosotras y nosotros. Cuando en el Cauca se para un grupo de gente, dicen: “No nos matan más” “En nuestro territorio no entra la guerra” y se crea la guardia indígena. Hay un “nosotros” y hay un “ellos” que es el  sistema. Cuando se levanta la dignidad en un sitio o en otro de este continente y se dice “No a la minería” Ahí hay un “nosotros” y un “ellos”.   
 
Cuando los corteros de caña en Colombia se levantan y hacen una huelga, el sólo hecho de que esclavos, que ni siquiera les alcanza para comer, que trabajan desde antes de que salga el sol hasta después de que caiga y ni siquiera pueden pagar una casa o un rancho, ni conocer a sus hijos; cuando son capaces sesenta mil de ellos de unirse y paralizar la industria de la caña -que es tierra robada por el capital- lo imposible sucede. Si empezamos a comunicarnos a través de un lenguaje que ellos no hablan. Si les robamos las palabras de ellos. Si en vez de trabajar para que ellos acumulen trabajamos para vivir, para hacer. Si al poderoso no se le obedece. Si las instituciones que existen no son la que tienen que existir. Si la izquierda, los dirigentes de nuestros movimientos sociales indígenas, populares no trabajan y existen para insertarse en el sistema y conseguir plata para la educación y la salud -la salud y la educación de ellos-. Si no empiezan a decidir autoritariamente sino que dejan que los pueblos decidan desde abajo: Aparece el “nosotras y nosotros” y esto se cuenta con las historias que suceden en las calles que son la vida de la gente.  
 
Quiero leerles un poema de César Vallejo que dice mucho. César Vallejo no hacía poemas para las grandes figuras y los grandes mitos de los acontecimientos del sistema. César Vallejo escribía poemas para gente como Pedro Rojas y yo les voy a presentar a Pedro Rojas como lo presentó Cesar Vallejo y como él mismo se presentó. Se los voy a leer.  Dice: 
 
Solía escribir con su dedo grande en el aire:
 
«¡Viban los compañeros! Pedro Rojas»,
de Miranda de Ebro, padre y hombre,
marido y hombre, ferroviario y hombre,
padre y más hombre, Pedro y sus dos muertes.
 
Papel de viento, lo han matado: ¡pasa!
Pluma de carne, lo han matado: ¡pasa!
¡Abisa a todos compañeros pronto!
 
Palo en el que han colgado su madero,
lo han matado;
¡lo han matado al pie de su dedo grande!
¡Han matado, a la vez, a Pedro, a Rojas!
 
¡Viban los compañeros
a la cabecera de su aire escrito!
¡Viban con esta b del buitre en las entrañas
de Pedro
y de Rojas, del héroe y del mártir!
 
Registrándole, muerto, sorprendiéronle
en su cuerpo un gran cuerpo, para
el alma del mundo,
y en la chaqueta una cuchara muerta. .
 
Pedro también solía comer
entre las criaturas de su carne, asear, pintar
la mesa y vivir dulcemente
en representación de todo el mundo.
Y esta cuchara anduvo en su chaqueta,
despierto o bien cuando dormía, siempre,
cuchara muerta viva, ella y sus símbolos.
¡Abisa a todos compañeros pronto!
¡Viban los compañeros al pie de esta cuchara para siempre!
Lo han matado, obligándole a morir
a Pedro, a Rojas, al obrero, al hombre, a aquél
que nació muy niñín, mirando al cielo,
y que luego creció, se puso rojo
y luchó con sus células, sus nos, sus todavías, sus hambres, sus pedazos.
 
Lo han matado suavemente
entre el cabello de su mujer, la Juana Vásquez,
a la hora del fuego, al año del balazo
y cuando andaba cerca ya de todo.
 
Pedro Rojas, así, después de muerto,
se levantó, besó su catafalco ensangrentado,
lloró por España .
y volvió a escribir con el dedo en el aire:
«¡Viban los compañeros! Pedro Rojas».
Su cadáver estaba lleno de mundo. 
 
El capital y la economía son la negación de la vida de “nosotras y nosotros”; de Pedro Rojas.  Eso es el capital si no nos damos cuenta que estamos adentro. Entonces, estamos alimentándolo. De lo que se trata es de definirnos entre ser para tener o tener para ser,  como lo han dicho los Nasa para la Minga. Esa Minga que hoy está teniendo precio, cuya agenda se negocia en el mercado.  Ser para tener es que todo lo que existe se puede volver mercancía y se puede canjear en el mercado por unos pesos, un cargo o una candidatura. Tener para ser es que la vida es sagrada, entonces, la economía se somete a la vida. 
 
Un día tal vez, va a existir la economía, no lo sé. Hoy no existe sino el capitalismo, y el llamado que estamos haciendo aquí hoy es a constelandar: a las constelaciones. Y aquí recuerdo a Walter Benjamin (3). Los invito a que conversen con él en sus Tesis sobre la Teoría de la Historia. Y al EZLN y a los y las zapatistas y a doña Máxima Acuña. Y a los y las Mapuche y Wichi en lo que llamamos la Argentina y Chile y que hoy están siendo exterminados mientras conversamos aquí.  Los estoy invitando a decir: nos crearon los estados nación para poder acumular.  Nos volvieron indios cuando éramos pueblos.  Nos crearon negros cuando éramos gente y como dice muy lindo la Silvia Rivera Cusicansqui “Cuando llegaron a este continente y nos invadieron, aparecimos como indios”.  
 
Cuando aparecimos como indios no éramos indios, nos obligaron a serlo. Ahora asumimos la categoría indio que nos impusieron para luchar contra un sistema, identificándonos entre todas y todos para decir que hay un “nosotros” que no es ustedes.  Pero el día que nos emancipemos y seamos libres los indios, vamos a desaparecer.  Indio es una categoría contra el sistema, pero más allá del sistema, hay un más allá, que es el fin de la economía y del capital.  Más allá de esto está la vida, más acá está la muerte y por eso John Holloway (4) habla de estar en-contra y más allá. 
 
Cuando la gente trabajaba la tierra, el tiempo era el tiempo de la Luna, de las lluvias, del verano y del invierno. El tiempo de las plantas para madurar y cosechar. Ese tiempo nos lo hizo olvidar el capital con su violencia de violencias, porque el capital es guerra, terror, violencia.  Somos violencia aún y más cuando nos estamos riendo sin entender esto, y ese tiempo, de un momento a otro, transforma a la gente desterrada, despojada de territorios, de formas de vida colectivas.  
Mujeres despojadas de sus papeles como creadoras de vida y armonía en territorios. Todo transformado en ese tiempo de horarios y almanaques. Así aparece el tiempo que conocemos ahora: De minutos y segundos que se repiten todos los días y de almanaques que pasan y no tienen nada que ver con la vida, porque es el tiempo de explorar, explotar, excluir y exterminar. Ese tiempo repetitivo, constante, simultáneo, que no perdona. Es el tiempo de la fábrica. El tiempo del despojo y de la muerte. ¿Y el otro tiempo?, ¿el de la luna que habitan las mujeres?. El del ritmo de las lluvias es el que están destruyendo quienes explotan y calientan el planeta. Ese otro tiempo ¿dónde está?, ¿no lo tenemos adentro?  El capital sabe que sí, por eso nos reprimen, por eso niegan nuestras autonomías, por eso compran a nuestros líderes, por eso nos niegan todo. Entonces hay un tiempo en el capital que es el del sometimiento. Hay un tiempo contra el capital que es exigirles que nos paguen mejores salarios y que nos exploten por menos horas.
 
Pero hay un tiempo más allá que no cabe en las fábricas, ni en el capital, ni en su economía.  Es el tiempo de la libertad, el tiempo de vivir por las cosas pequeñas de todos los días tejidas y tejidos a la Madre Tierra, el tiempo de la libertad para la Madre Tierra, el tiempo nuestro. 
 
Hoy en el Cauca, desde cuando se proclamó la Liberación de la Madre Tierra, unos indios tienen un frente de lucha para la libertad de toda la humanidad frente a la economía. Lo que han dicho es que la Madre Tierra es una mujer encadenada, violada, penetrada, asesinada; le niegan siquiera la posibilidad de producir leche para sus hijos e hijas que mueren de hambre en todo el planeta; “vamos a poner la tierra en libertad” y entraron a las fincas de los grandes terratenientes y están cortando la caña para producir comida.
 
Pero no quieren vivir ahí adentro como vive el capitalista explotando la tierra para acumular en el mercado. Quieren liberar la tierra para que le garanticen vida, compartir en comunidad todas y todos. No tienen esperanza, tienen lucha.  Aman a su madre y viven para que esté en libertad y nosotras y nosotros ni sabemos de la Madre Tierra o creemos que es un problema de indios; porque nosotras y nosotros somos la economía. Entendemos que la economía tiene que crecer. 
 
¿Cuándo nos vamos a mirar a los ojos, tocarnos los cuerpos, encontrarnos en el afecto, descubrirnos como seres humanos con los otros seres de la vida y no dejarnos comprar, ni engañar, ni cansarnos -como dicen los zapatistas- y detener el horror? Porque los zapatistas han creado territorios libres de economía, de malos gobiernos, que es el capital. Y en esos territorios y desde esos territorios, donde hay justicia, donde hay libertad y donde hay dignidad; nos han convocado a todas y todos a enfrentar la tormenta que viene porque el planeta no tiene más espacio. Y tanto el territorio de nuestros imaginarios como los de todo el planeta están siendo destruidos. Grecia queda en mi corazón, en mi cuadra y en este barrio. La Liberación de la Madre Tierra es conmigo, el agua es la vida de todas y todos. 
 
Retomo el poema con el que empecé: 
 
“De vez en cuando
Camino al revés:
Es mi modo de recordar.
Si caminara sólo hacia delante,
Te podría contar
Cómo es el olvido.”
 
Hoy nos estamos olvidando porque el sistema así lo quiere, mientras nos lleva al exterminio de nosotras y nosotros mismos. Démonos la vuelta en el asiento y tejamos el círculo que nos devuelva la vida. No hay economía marxista. Lo que Marx propuso es que acabáramos con la economía.  
 
Muchas gracias. [Aplausos]
 
Emmanuel Rozental
 
Transliteración Tejido de Comunicación
Edición Final y corrección: Emmanuel Rozental
 
Referencias Bibliográficas
 
1. Klein, Naomi. (2014) This Changes Everything. Alfred A. Knopf, Canadá
2. Hobsbawm, Eric. (1998) Historia del Siglo XX. Grijalbo, Buenos Aires
3. Benjamin, Walter. (2007) Conceptos de Filosofía de la Historia. Carofonte, Filosofía. Terramar, Buenos Aires.
4. Holloway, John. (2011) Agrietar el Capitalismo: El hacer contra el trabajo. Ediciones Herramienta, Buenos Aires.
 
 
 

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